sábado, enero 21, 2006

Cuentos corrientes: Cafeina

A la abuela de un amigo se le quedo la voz de niña. Una niña atrapada en 87 años de supervivencia. Dos guerras. Dos hambres, una al mediodía y otra por la noche. Dos hombres. Y cuatro hamsters. La señora Antonia era bromista, o al menos, así lo calculabamos los que estabamos dentro de su orbita cuando reía, desde sus adentros hacia sus afueras. Siempre sin previo aviso. Haciendo reir hasta a la ceniza y al viento que la empujaba. La señora Antonia, diabética de pro, solía decir que el café es como la vida. Hay que ponerle azucar para quitarle un poco, pero sólo un poco, el sabor amargo.