domingo, diciembre 24, 2006
sábado, diciembre 23, 2006
Derecho a techo
La nómina de mi padre en diciembre de 1979 era de 38.000 pesetas. El trabajaba como peón en una obra. En ese mismo momento le ofrecieron comprar una casa. Le pedían un total de 500.000 pesetas por ella. Decidió no arriesgar y continuar viviendo en régimen de alquiler, en unas condiciones muy buenas. Se trataba de una casa modesta pero muy bien ubicada, en pleno centro de un pueblo cercano a Barcelona. A los pocos meses mi padre y mi madre compraron un terreno en otro pueblo de la misma provincia y en menos de cinco años de esfuerzo ya habían levantado y pagado una vivienda de 120 metros cuadrados.
Han pasado 27 años. En el año 2006 y en el mismo pueblo donde viven, un piso modesto de 75 metros cuadrados a las afueras no se encuentran por menos de 35 millones de pesetas, y estoy siendo muy generoso.
En el año 1979 el coste de un piso era del orden de 14 mensualidades de un peón de obras. 38.000 pesetas/mes x 14 meses = 532.000 pesetas.
En el año 2006 una vivienda modesta cuesta 175 mensualidades (14 anualidades!!!!) de un ingeniero informático. 200.000 pesetas/mes x 175 meses = 35.000.000 millones de pesetas.
Los jóvenes de hoy necesitaríamos cobrar 2.5 millones de pesetas mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres que compraron una vivienda a principios de los años 80.
2.500.000 millones de pesetas/mes x 14 meses = 35 millones de pesetas
Los pisos en el año 2006 deberían costar 2.8 millones de pesetas para que los jóvenes de hoy estemos en igualdad de condiciones con nuestros padres en 1979.
200.000 pesetas/mes x 14 meses = 2.800.000 millones de pesetas.
No encuentro adjetivo alguno en el año 2006 para calificar lo que mi padre considero arriesgado en 1979.
Está claro que los pisos no van a pasar a costar de la noche a la mañana 30 veces menos de 35 a 3 millones.
También está claro que no voy a cobrar 2.5 millones de pesetas mensuales por muy buen trabajo que encuentre y por muchos estudios que tenga.
Lo primero que se le ocurre a uno es seguir viviendo en casa de sus padres y ahorrar el 100 por cien del sueldo durante los próximos 14 años para el año 2.020 (yo rondaré ya los 60 años de edad) tendré el dinero suficiente para comparar una vivienda al coste del año 2006 pero, por supuesto, no al coste del año 2.020. Evidentemente esta ocurrencia la desecha uno antes de hacer cualquier cálculo.
Aunque un joven bienintencionado consiga ahorrar 2, 4 ó 6 millones de pesetas con mucho esfuerzo en pocos años, a día de hoy nunca podrá evitar lo siguiente:
1.- Pedir un préstamo al banco a 40-50 años (si consigues ahorrar 2, 4 o 6 millones puedes reducir el período a 35 – 45 años, pero 5 años no suponen prácticamente nada cuando estamos hablando de medio siglo de pago). Te darás cuenta de que no vives en una democracia, sino en una vulgar y bananera dictadura. El dictador y asesino no se llama Francisco Franco, Augusto Pinochet o Adolf Hitler. La Caixa, Bancaixa, la CAM, Caja Castilla La Mancha, BSCH, Banc de Sabadell, Banesto… o en general “la banca” son los nuevos y más brutales dueños de almas, cuerpos, haciendas… La banca son los verdaderos dictadores y genocidas que todo lo controlan y que todo lo mancillan.
Y ya sabes que ni siquiera tendrás la libertad de decir lo que piensas a, por ejemplo, tu jefe, no vaya a ser que cierre el grifo y no puedas pagar al dictador, al nuevo genocida que tiene nombre de entidad financiera, al único Dios verdadero del mundo “libre” (que palabra tan usada y carente de sentido, eso de la libertad es un gran timo si no tienes dinero suficiente para comprar tu libertad día a día) y occidental: DON DINERO.
2.- La otra solución es pagar un alquiler de por vida. En este caso el dictador se llamará Juan García o Pablo, el arrendador, el casero. La situación no es distinta de la descrita en el punto 1.
Después de estas reflexiones, procura tener la delicadeza sutil de no decir a un joven que su problema es que no ahorra; ese argumento fue valido para ti en 1979, incluso era valido para algunos jóvenes en 1999, pero en el año 2006, en 2006 sólo consigues cargar con más impotencia, rabia y malestar…
El esfuerzo de nuestros padres, sin duda alguna admirable, no era estéril (podían obtener una vivienda de propiedad en un período de 5 años). El mismo esfuerzo realizado por nosotros, los hijos, sólo llega para quizá reducir en 5 años una hipoteca de medio siglo.
La vivienda nunca fue un objeto para enriquecerse, sino para vivir y es de lo poco material que sí necesitamos. La ley del libre mercado puede establecer el precio de los televisores de plasma al precio que quiera… yo no los compraré (prefiero un buen libro o acudir a una función de teatro…), pero nunca tuvimos que permitir que esa misma ley fijará el precio de la vivienda, porque todos necesitamos vivir en una y no todos podemos pagarla. Los jóvenes y cualquier persona, incluso aquellos que tenemos estudios superiores no podemos ni debemos competir.
VALENCIA: EL SÁBADO 23 DE DICIEMBRE DE 2006, A LAS 17:00 HORAS TODOS EN LA PLAZA DE SAN AGUSTÍN:
POR UNA VIVIENDA DIGNA PARA TODOS.
BASTA YA DE TANTA CORRUPCIÓN URBANÍSTICA, AMBIENTAL, EMPRESARIAL E INSTITUCIONAL
lunes, diciembre 18, 2006
viernes, diciembre 15, 2006
Mensaje de Navidad
Video
lunes, diciembre 11, 2006
Medicinas alternativas, una visión crítica (II)
Se da por sentado que siempre será mejor lo natural, lo integral y lo vegetariano; nos seduce más lo desconocido, lo exótico, lo milenario y las culturas lejanas. Muchos terapeutas y adeptos suelen partir de discursos simplistas y presupuestos falsos: casi todas las enfermedades son curables y la gente enferma por no seguir las Leyes de la Naturaleza (con mayúsculas), igual que uno peca y va al infierno por desobedecer la Ley de Dios. Tampoco es cierto que la mayoría tenga una visión holística o compleja de la salud (predominan los modelos individuales, pseudobiológicos, esotéricos y espirituales, en detrimento del modelo ecosocial). Sin embargo, la epidemiología ha demostrado que los hábitos (dieta, ejercicio, tóxicos...) aun siendo muy importantes, no lo son todo. Hay factores genéticos no modificables, y factores sociales que tampoco se modifican a corto plazo.
“Pues a mí me ha funcionado”, argumentan muchos. La cosa no es tan simple: numerosas patologías crónicas se caracterizan por tener altibajos naturales. Una mejoría puede deberse a una casualidad (coincide con algún otro cambio imperceptible) o a una peculiaridad genética personal. Muchas mejorías suelen deberse al efecto placebo, que es pasajero y no cura las enfermedades degenerativas.
Existen, en fin, dos peligros frecuentes. Uno es ‘patologizar’, diagnosticar algo que no existe o que no es una enfermedad. Y otro es el perder un tiempo precioso en tratamientos inútiles, retrasando así el diagnóstico y tratamiento de enfermedades graves. Pero no todo son malas noticias: desde hace unas dos décadas han empezado a crearse centros de investigación de medicinas complementarias, financiados por algunos gobiernos que están evaluando su posible eficacia. Dichos centros están separando el grano de la paja. Aun así, el número de terapias alternativas aumenta más rápidamente que la capacidad de la sociedad para investigarlas con rigor.
Antonio Palomar , médico y miembro del colectivo Sumendi.


